Castillo de Behobia (Gazteluzar)

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Tenía planta triangular y tuvo una breve vida activa. Fue construido en 1515 por orden de Fernando el Católico y derribado en 1542. Posteriormente fue reedificado en 1719 y asolado de nuevo en el mismo año. Sus ruinas, todavía visitables, hicieron que se le conociera por Gazteluzar (castillo viejo).

El castillo de Behobia, o castillo de Irun Uranzu, fue construido para contener –a la espera de refuerzos- la posible entrada de tropas francesas en Castilla, después de que un ejército franco-navarro, liderado por el destronado rey Juan III de Albret, intentara sin éxito recuperar Navarra. Su construcción fue ordenada por el rey Fernando el Católico el 21 de noviembre de 1512 mediante una Real cédula, siéndole encomendado el proyecto a Diego de Vera, Capitán General de Gipuzkoa y alcaide de Hondarribia. El emplazamiento escogido fue una colina cercana a Behobia, a fin de que dominara el paso del Bidasoa por la zona, que era el vado más accesible para cruzarlo.

Sin embargo, las obras no comenzaron a acometerse hasta 1515, sin que esté claro el motivo. Fernández Antuña (2005:271) apunta a que “la obra suscitaba recelos en la Provincia, por su emplazamiento y por el temor a la intromisión de un posible alcaide foráneo en la circulación de personas y mercancias por el camino que pasaba bajo sus muros y terminaba en la Alcaldía de Sacas, materialización de un privilegio que la Provincia pretendía mantener libre de ingerencias ajenas. Por eso quizás presiona primero en la corte tratando de retrasar el proyecto y, después, al no conseguirlo, contribuye económicamente para lograr el beneplácito real a un alcaide guipuzcoano”.

Construcción y características

Los trabajos fueron costeados, prácticamente en su totalidad, por la hacienda real castellana, si bien la provincia de Gipuzkoa contribuyó con 600.000 maravedís, hecho excepcional éste tal y como apunta Fernández Antuña (2005:263). El castillo diseñado por Diego de Vera tenía las características de una fortificación de transición al abaluartamiento (muros más anchos y bajos, aunque todavía con cubos circulares, no de planta pentagonal), capaz de resistir el fuego cada vez más destructivo de la nueva artillería. Su principal peculiaridad radicaba en su planta triangular, formada por tres lienzos de 22 metros de largo, 9 de alto y 5 de grueso, confeccionados con mampostería caliza cementada con cal y revestida de sillería. En los ángulos se insertaban tres cubos de planta circular, de gran grosor, y de 21 metros de diámetro exterior. Al igual que en cualquier otra fortaleza, éstos tenían su propio nombre. Ana Galdós Monfort (2011:93) ha identificado el de dos de ellos: el llamado de Francia y el de Santiago.

En la parte baja de las murallas se abrían tres troneras para su defensa, y a unos 6 metros de altura otras dos, que debieron corresponderse con un segundo piso. Además, cada cubo aportaba también las suyas. El acceso al castillo se realizaba por medio de una puerta forrada de cobre de2,5 metros de altura abierta en la cortina meridional. Además, contaba con una casa para dar cobijo a los soldados. Se trataba de una fortaleza modesta, pensada para ser defendida por unos 40 hombres (Ana Galdós indica que podía albergar hasta 100, pero la mayoría de autores sitúan la cifra entre los 30 y 40).

Alcaides de la fortaleza

En febrero de 1516 el capitán irunés Miguel de Ambulodi, que contaba con el beneplácito de Diego de Vera y de la Junta provincial guipuzcoana, fue investido primer alcaide de la fortaleza. Sin embargo, una vez finalizadas totalmente las obras, el Emperador Carlos V otorgó la alcaidía al vizcaíno Hernán Pérez de Yarza el 8 de abril de 1517 en Bruselas. Ello produjo un importante conflicto, ya que al personarse Yarza en el castillo el 25 de julio de 1517 Ambulodi se negó a entregársela porque Yarza no llevaba “consigo gente bastante para defender el castillo” y porque al ser él vizcaíno “podría ser que los guipuzcoanos no acudiesen como se debería en auxilio de la fortaleza dada la diferencia y odio existentes entre ambas provincias”, según recoge Fernández Antuña (2005:265). Tras intervenir el rey, finalmente, Yarza tomaría posesión de la plaza el 13 de mayo de 1618. El mismo autor (2005:270) señala que “desde este momento hasta el abandono y desmantelamiento de la fortaleza en septiembre de 1542, todos los alcaides que estuvieron al frente de la misma serán guipuzcoanos (salvo Diego de Cangas, que lo fue unos meses) y entre ellos, de nuevo y por un tiempo, Miguel de Ambulodi”.

Primera batalla de San Marcial

En octubre de 1521, durante la Guerra de las Comunidades, los franceses entran en Gipuzkoa tomando Gazteluzar. Como explica Antonio Aramburu Peluaga (1998:608) éste fue batido “con cuatro cañones y algunas bastardas y culebrinas, causando bastantes destrozos en la fortaleza, que capituló al tercer día”. La plaza fue recuperada en junio de 1522 “siendo urgentemente reparada y nombrándose por alcaide de la misma al capitán Ochoa de Asua”, según cuenta Aramburu. A finales de ese mes, las tropas invasoras intentaron tomar de nuevo el fuerte, disputa que desencadenó la batalla de San Marcial, que se saldó el 30 de junio con la derrota de la escuadra combinada franco-germana. A raíz de la victoria se edificaron las ermitas de  San Marcial y Santo Cristo de Artiga.

Falta de acuerdo sobre la causa de su derribo

Sobre su desmantelamiento existen dos teorías. Una, la más generalizada, apunta a que fue el propio Emperador Carlos V, tras inspeccionar la instalación de camino a Flandes, quien ordenó su derribo en 1539 por no parecerle estratégico su emplazamiento. Ofrecen esta explicación, entre otros autores, Luis de Uranzu, José Monje, José María Castillo y Ana Galdós. Sin embargo, Antonio Aramburu aporta otra hipótesis. Según explica (1998:609), entre 1539 y 1542 Sancho de Leiva, en aquel momento Capitán General de Gipuzkoa y alcaide de Hondarribia, escribe dos misivas quejándose del mal estado de defensa de la fortaleza, por lo que plantea la necesydad de hazalla o des hazella. Lo que sugiere Aramburu, no es otra cosa que un posible interés en la eliminación de la fortaleza por parte de Hondarribia, cuyos informes negativos, y no una valoración in situ del Emperador, habrían sentenciado a la instalación.

Sea como fuere, en 1542 Sancho de Leiva desmanteló el castillo con canteros y carpinteros. Aprovechados sus sillares para reforzar las murallas de Hondarribia, lo que quedó de la fortaleza fue dinamitado.

En todo caso, aún sirvió de fortaleza en diversas ocasiones, principalmente en la invasión francesa de 1719. En febrero de ese año, ante los temores de invasión, se acuerda su reedificación. José Monje (1996:144) especifica que fue “fortificado por los capitanes Toribio Mateu y Juan de Párraga, instalando en sus muros siete cañones”. Rotas las hostilidades, el 20 de abril los franceses penetran por Bera y ocupan Irun. Aramburu (1998:608) explica que el 22 de abril, tras rechazar dos ofertas de capitulación y encontrándose gran parte del fuerte derruido, Gazteluzar capituló. El 9 de diciembre los franceses, a las órdenes del Duque de Berwick, volaron el castillo, “poniendo dos minas, una en la parte que mira a Behobia, de 8 quintales de pólvora, y otra en la que da a Blaya, de 27 quintales”, tal y como detalla Luis de Uranzu.

Aramburu (1998:609) cuenta que, posteriormente, cuando en el año 1766 Irun obtiene la Real Cédula de exención de la jurisdicción de Hondarribia, sus ruinas fueron tasadas en 7.800 reales, y que en los libros de actas se cita como primera propietaria a Petra Garburu. Después, las ruinas del castillo albergaron durante un tiempo un caserío.

Gazteluzar hoy

A finales de los años noventa se procedió a retirar la maleza que lo cubría y lo que quedaba del caserío, y se llevaron a cabo excavaciones arqueológicas que dieron como resultado la aparición de diversos elementos de interés. Actualmente, se conservan dos lienzos (NO y S) en toda su longitud y en gran parte de su altura. Del tercer lienzo (E) sólo se conserva en pie su extremo más septentrional, aunque se aprecia la base de la parte restante. También perdura la base de los cubos SE y NE, siendo el primero de ellos el mejor conservado.

Bibliografia disponible en la Biblioteca Municipal de Irun:

-Aramburu Peluaga, Antonio. Los siete barrios de Irun. Boletín de estudios del Bidasoa, n. 18. Luis de Uranzu Kultur Taldea. 1998:608-611

-Bidasoan.- Irun, diciembre de 1983: 47-49

-Bidasoan.- irun, junio de 1986: 16-17

-Bidasoan.- Irun, junio de 1988.- 64, 65

-Bidasoan.- Irun, primavera 1998: 36, 37

-Castillo, José María. Behobia. Imágenes de un barrio con historia. Boletín de estudios del Bidaso XIII. 2011: 119-121

-Galdós Monfort, Ana. Irun en el siglo XVI. Una interpretación histórica a partir de su catálogo documental. Irun tiene historia nº9. Irun, 2011:89-95

-Monje García, José. Los nombres de las calles de Irun. Boletín de estudios del Bidasoa, n. 14. 1996:144-145

-Mugica, Serapio: Monografía histórica dela Villa de Irun.- Irun, 1993, Ayuntamiento de Irun, edición facsímil de la de 1903: 84-87

-Retegui, Juan Manuel: Batallas de San Marcial (1522-1813).- Irun, 1994: 151-226

-Tellechea Idígoras, José Ignacio: Hernan Perez de Yarza Alcaide de Behobia.- San Sebastián, 1979

-Uranzu, Luis. Diccionario del Bidasoa. Boletín de estudios del Bidasoa VI (4). 2003:139

Bibliografía disponible en la Red de Bibliotecas de Euskadi.

Fernández Antuña, César M. La fortaleza de Behovia y la provincia de Gipuzkoa. Actas del II Congreso de castellología Ibérica (Teruel), 2005:256-272.

Documentación disponible en el Archivo Municipal de Irun:

-El Irunés.- Irun, enero de 1989: 26, 27

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